martes, 8 de diciembre de 2015

Amantes

Me fui... dando pasos tenues, no quería pisar muy fuerte ni tampoco que pasen desapercibidos. La brisa húmeda empapaba mi cuerpo desnudo. Con una mano llevaba toda mi ropa, la otra la había usado para cerrar la puerta. Frené. La brisa se calmó y comencé a vestirme. Seguí caminando, el destino era incierto, tan incierto como la decisión que había tomado. ¿Hice bien en irme?
Ya me estaba yendo. Por orgullo, tal vez, no había vuelta atrás. Sabía que si me iba en mitad de la noche, era la última vez. Pero así lo hice,  puede ser por cobarde o por cómoda, quizás también puede ser por costumbre. Pero lo cierto es que lo hice y ya no había vuelta atrás. El destino comenzó a ser certero, y llegué a mi casa.

Con extremada cautela coloqué la llave en la cerradura, solo se escuchaba el chillido de la bisagra. Entré y el aroma de la rutina se me vino encima. Esta vez sí, los pasos tenían que pasar desapercibidos. Deje toda mi ropa y me acosté. Al lado tenia a mi marido, sentí tranquilidad y desánimo al mismo tiempo.


3 comentarios:

  1. Buena historia. Inquietante final.

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  2. La rutina amiga, es un hábito que nos seduce el pensamiento y domina el cuerpo.Y por muy nuevos placeres que sean nunca arriesgamos,allí es es donde
    Nuestra voluntad se somete a la costumbre.
    Muy bonita historia y Real por demás.

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